Thursday 7 may 2009 4 07 /05 /May /2009 13:26

Solo a unos 300 metros del hotel, se encuentran las Cisternas de Yerabatan, al no ser temporada turística y primera hora de la mañana, no existe cola para comprar los tickets, indicación ésta de que podremos hacer la visita sin aglomeraciones y así es.


Bajamos por las escaleras que nos conducen a las Cisternas, tenemos que ir con sumo cuidado a resbalar, se encuentran llenas de agua y al ser suelo terrazo, es realmente peligroso. ¿Por qué no habrán puesto suelo de goma para evitar accidentes?


En fin, llegamos abajo y nos encontramos ante una verdadera maravilla. Una gran bóveda de unos 150x100 metros sustentada por innumerables columnas. El agua, se filtra por el techo de la misma cayendo y formando un gran estanque. Se han construido unos pasillos por encima del agua para poder recorrerlas. Mientras recorres esos pasillos quedas casi hipnotizado por las luces de colores con que han sido iluminadas y escuchando, creo que normalmente, música clásica. En nuestro caso y mientras estuvimos realizando la visita tuvimos la suerte de escuchar un recital de Pavarotti, resultando maravillosos el espectáculo en sí de las cisternas, luces, el sonido del goteo del agua al caer del techo, la música y la voz inconfundible del Gran Pavarotti, hizo que la visita fuera del todo satisfactoria.


Realmente he de decir que se me hizo casi imposible el realizar buenas fotos y filmar en video, no porque te pongan dificultades o esté prohibido. El caso es que como en el exterior el frío era realmente intenso no creo que alcanzásemos los 0 grados centígrados “ni frío ni calor como diría un aragonés” en el interior de las Cisternas seguro que superábamos los 20, lo que motivó que la cámara de fotos y la de video se empañasen constantemente y, por consiguiente, pañuelo en mano, me pasé todo el rato limpiando objetivos.


La visita es realmente maravillosa, pensar que ya en aquellos remotos años dieron con esa solución para acaparar el agua de abastecimiento de toda la ciudad es de nota, pero hemos de recordar que posiblemente Estambul sea la ciudad donde más culturas han pasado y recorriendo sus calles y monumentos nos damos cuenta de ello.


Antes de salir, justo al lado de la escalera que conduce a la calle, hay una cafetería donde tomar un te calentito para coger calorías y, afrontar el viento balcánico que sopla en el exterior.


Una vez en la calle, nos dirigimos hacia la Mezquita Azul. Antes de entrar degustamos por primera y no última vez las “delicias turcas”. Son unos dulces increíbles. Algo realmente inigualable, creo que podemos decir que es de esas cosas que crea adición, naturalmente para los golosos y, yo lo soy un rato largo.


A la llegada a la Mezquita, nos encontramos con el problema de siempre en estos monumentos musulmanes. En lo que sería el claustro o patio antes de la entrada hay dos tipos, sin acreditación alguna al menos visible y que les acredite de pertenecer a la Mezquita o institución gubernamental que te “obligan” a coger una bolsa de plástico para depositar los zapatos en ella y naturalmente te exigen un pago. Ya lo sabía, he visitado otros países islámicos y conozco perfectamente sus costumbres pero, por ello, también se que, uno se puede descalzar junto a la puerta, entrar con los zapatos en la mano y justo después de pasar la puerta, en ambos lado de la misma existen unas pequeñas estanterías de madera donde uno deposita allí sus zapatos, realiza la visita u ora y una vez finalizado el acto, recoge sus zapatos que volverá a  ponerse una vez traspasada la puerta a la salida.


Nunca me ha importado dar una propina ante un buen servicio o una información que yo solicite pero, soy totalmente reacio a que unos tipos vivan a costa de otros por pillería,  lo siento, soy así. Eso hace que siga mi camino hacia la entrada sin prestarles atención, saltándome la fila de turistas que religiosamente cogen la bolsa y pagan. Una vez que los he dejado atrás, noto que alguien está tirando de mi chaqueta, me giro y me encuentro con que uno de los dos tipos está tirando de ella y me dice que tengo que coger la bolsa de plástico. Sin gritar, pero en tono alto y serio le digo “do not touch me”. No se si sabe inglés o no pero, realmente entiende lo que digo o lo adivina ya que, su mano deja inmediatamente de tener cogida mi chaqueta. Le indico que ya se sus costumbres y que me descalzaré en la puerta antes de entrar. Le pido si puede acreditarse como empleado del recinto y su rostro cambia al momento. Con una “turca” sonrisa me dice “no problem” y con la mano me indica que podemos continuar. Los dos damos por finalizado el encuentro, ni a mi me interesa discutir más ni a él que le espante a los turistas que tiene en fila.


Frente a la puerta, sobre la alfombra, nos descalzamos y disponemos a entrar a sino la más famosa, una de ellas si es, Mezquita Azul de Estambul.


Eso será en el siguiente Post.

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