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Desde muy niño he sentido un algo especial por Buenos Aires. No cabe duda que si nos remontamos a los años 60, época de mi infancia, hablar de Buenos Aires era algo muy, muy lejano e inalcanzable para muchos españoles pero, en el núcleo familiar en que me crié era habitual que en las conversaciones siempre salía esa ciudad. No en vano, unos tíos habían emigrado allí en busca de mejores condiciones económicas y en B.A., había nacido uno de mis primos que hasta mis 13 años no conocí.
A mis 50 años, al fin pude visitar esa ciudad. Ya no estaban ni mis tíos ni por consiguiente mi primo. Habían regresado a España al poco de tomar el
Poder el General Perón viendo que allí, no había posibilidad de mejorar más de lo que en aquellos años se comenzaba a prosperar en España.
Puestos en antecedentes, os comento que, cuando era pequeño jamás hubiera ni soñado pasear por las calles de B.A., eso hacía que la ilusión en ese viaje superase en mucho la de otros ya realizados.
Llegamos a B.A., procedentes de Iguazú (puedes ver el relato en este mismo
Blog) serían sobre las 12 a.m. Nos trasladamos al hotel que está situado en la zona de la Plaza del Congreso (centro). A través de la Red, había seleccionado
un restaurante cerca del hotel ya que calculaba que sobre las 14 a.m, habríamos ya dejado el equipaje en el hotel y así nos ahorraríamos el tener que comenzar a buscar donde comer.
El restaurante Cervantes II, fue el elegido. No defraudó en absoluto lo que había leído en la Guía Óleo de Buenos Aires (http://www.guiaoleo.com.ar/) ni éste, ni el resto de los restaurantes que posteriormente visitamos recomendados por la citada
guía.
Os trascribo uno de los comentarios que encontré en la Guía y que quizás por eso elegí ese restaurante. “Un clásico: buena comida, no pretencioso, mozos de la vieja escuela (correctos, eficientes y nunca melosos, como en muchos restaurantes que tratan de compensar el exceso de precio con lamidas en zonas ocultas de nuestra anatomía). No admira ni defrauda. “. No sabría yo explicarlo mejor.
Una vez degustada una espléndida parrillada, regresamos al hotel recogimos mapas y las cámaras y nos dirigimos a la boca del “Subte” (http://www.subte.com.ar ), nombre con que allí se denominan al Metro. Tomamos la Línea
A, dirección Plaza de Mayo.
Esta línea de metro, tiene la particularidad de que los vagones son antiquísimos (dicen que son los mismos que cuando se inauguró) puramente de madera, sin aire acondicionado es decir, ventanas abiertas ya que estamos en pleno verano argentino (enero) y el calor es más que sofocante.
En la última parada bajamos y
escaleras arriba
salimos a la Plaza de Mayo. Si, estoy en B.A., frente a mí la Casa Rosada. Pocas veces, podría contarlas con los dedos de las manos, he sentido esa emoción en otros lugares ya visitados.
Pienso que este viaje está saliendo redondo. Tres destinos (Río, Iguazú y B.A.) tres sueños realizados. ¿Cuantas veces dejamos de pensar en lo afortunados que somos? Pero así es la naturaleza humana siempre dando más importancia a lo negativo de nuestras vidas que a lo positivo y que, a todos, en mayor o menor medida nos acontece.
Uno, quizás por tener aún en mente las imágenes de Evita (no sabría decir si, la auténtica en blanco y negro o, las de Madonna en color) en el balcón de esa Casa Rosada, e instintivamente intenta
buscarla en ese balcón ahora, cerrado y vacío.
Coincide que mientras estamos haciendo las fotos reglamentarias del Palacio, vemos como de un lateral del mismo con paso militar, salen cinco soldados ataviados con trajes de gala. Llegan al
semáforo para cruzar la calle y se paran, respetan el rojo para los peatones.
Los turistas nos hemos percatado y aprovechando esa espera al semáforo, rápidamente acudimos a la acera por donde esperamos que van a pasar. Se escuchan comentarios de que se dirigen a la Catedral. Y, así es.
El grupo de turistas una vez que la tropa inicia el recorrido seguimos su desfile
intentando todos recoger las mejores instantáneas. Llegan a la Catedral y se introducen en ella, nosotros detrás.
En el interior de la misma se encuentra el mausoleo del General San Martín y, ese es el motivo de que allí constantemente se encuentren esos soldados que vimos haciendo el relevo de guardia en custodia del mismo.
La Catedral Metropolitana de Buenos Aires bien merece una visita detenida no solo por su magnífica arquitectura, sino también por el mausoleo del General San Martín. Me recordó por su similitud
al de Napoleón Bonaparte en los Inválidos de Paris.
Ya finalizada la vista, nos dirigimos otra vez al exterior y contemplamos otro de los monumentos ubicados en la plaza, ese es el Cabildo.
Dicho edificio desde su primera construcción en 1.608, ha pasado por distintas remodelaciones y empleado para distintas funciones, llegando a ser utilizado como cárcel ya que no había otro
edificio destinado a los presos en la ciudad. En la actualidad se ubica en él, un Museo denominado del Nacional Cabildo y la Revolución de Mayo.
Han sido las tres visitas realizadas en la primera tarde en B.A. habrá que esperar el siguiente Post, para continuar relatando los rincones más bellos de esta porteña y querida
capital.
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